Cathie Wood, directora de inversiones de ARK Invest, ha enviado una extensa carta a inversores en la que plantea repensar la asignación tradicional de cartera 60% renta variable/40% bonos, según recoge Expansión. La gestora considera que ese reparto, efectivo durante el periodo 1981-2021, pierde atractivo relativo en un contexto de mayor crecimiento económico, productividad elevada y deflación tecnológica impulsada por la inteligencia artificial.
Wood estima que la revolución tecnológica —IA, robótica, almacenamiento energético, blockchain— puede llevar el crecimiento del PIB real hasta alrededor del 7% durante los próximos cinco años. Su previsión descansa en un fuerte aumento de la productividad, que ARK calcula podría alcanzar tasas sostenibles del 5%-6%, frente al entorno del 3%-3,5% observado en ciclos tecnológicos anteriores. Ese salto permitiría a las empresas aumentar márgenes, invertir más, elevar salarios o reducir precios sin comprometer la rentabilidad.
Deflación tecnológica y tipos de interés
Uno de los argumentos clave de ARK es la caída extraordinaria de los costes que provoca la tecnología. La firma cita como ejemplo el coste de la inferencia utilizada por modelos de lenguaje como ChatGPT, Claude, Gemini o Grok, que según sus datos está cayendo más de un 99% anual. Esta deflación tecnológica, sostiene Wood, puede impulsar simultáneamente la demanda, los márgenes empresariales y el crecimiento.
En este escenario, Wood prevé que los tipos de interés a corto plazo podrían volver a subir junto al crecimiento del PIB nominal, pero no necesariamente sería negativo para las acciones. Las empresas que se beneficien del aumento de productividad y beneficios podrían absorber mejor ese entorno, mientras que compañías muy endeudadas y con deuda a tipo variable quedarían más expuestas. La gestora utiliza el paralelismo con la Revolución Industrial: en aquel periodo, sostiene, la curva de tipos estuvo invertida con frecuencia mientras la economía mantenía un fuerte crecimiento.
Bitcoin como diversificador y póliza de seguro
Wood propone incluir bitcoin en las carteras por dos motivos principales. Por un lado, como «póliza de seguro» ante el riesgo de quiebras y problemas de contrapartida derivados de la elevada deuda. Advierte de que unos tipos más altos podrían tensionar tanto la deuda pública como los fondos de capital riesgo y crédito privado. Además, señala que la revolución tecnológica puede provocar una oleada de disrupción empresarial con quiebras generalizadas, lo que podría generar «serios riesgos de contraparte» en el sistema financiero.
Por otro lado, la ejecutiva defiende que bitcoin aporta diversificación: en su análisis de enero de 2026, la correlación de bitcoin con el S&P 500 era de 0,06 y con los bonos estadounidenses de 0,15 utilizando rentabilidades semanales del periodo 2020-2026. En ese contexto, ARK señala que activos como el oro y bitcoin podrían actuar como refugio ante tensiones en el sistema financiero.
Implicaciones para la renta fija
Si se materializa un escenario de crecimiento fuerte, productividad elevada, inflación muy baja y tipos cortos altos, Wood considera que el entorno sería más favorable para los beneficios empresariales —y por tanto para las acciones— que para la renta fija. De ahí su propuesta de revisar la tradicional cartera 60/40 que funcionó durante cuatro décadas. Los bonos perderían atractivo relativo en un mundo donde la curva de tipos podría invertirse sin la recesión que tradicionalmente se asocia a ese fenómeno, sostiene la gestora.
ARK Investment no ha facilitado cifras concretas sobre el nuevo reparto que propone, pero la carta deja claro que la firma apuesta por aumentar la exposición a renta variable y considerar bitcoin como componente de diversificación y protección, reduciendo el peso de los bonos respecto al modelo tradicional.
