Trabajadores de una obra de rehabilitación en Sint-Gillis-Dendermonde, Bélgica, han descubierto un tesoro valorado en aproximadamente 9 millones de euros oculto en el sótano de una antigua cervecería. El hallazgo incluye 49 lingotes de oro, más de 4.000 monedas, pepitas y otras piezas del metal precioso, según informó The New York Times.
El descubrimiento se produjo mientras los obreros excavaban y perforaban bajo el edificio para instalar nuevas tuberías de saneamiento. La reforma forma parte de un proyecto destinado a crear viviendas sociales en una propiedad que originalmente albergó una fábrica de cerveza desde 1899.
Un tesoro deliberadamente escondido
El oro no apareció por casualidad. Alguien había introducido el botín en una bolsa y lo había ocultado dentro de la pared de ladrillos de una pequeña estancia bajo la antigua residencia del propietario de la fábrica. Los trabajadores llegaron a marcar y arañar algunos lingotes con sus herramientas antes de darse cuenta de lo que estaban perforando.
Cuando avisaron al jefe de policía Patrick Feys, este pensó inicialmente que se trataba de una broma. Finalmente, cuatro personas tuvieron que contar cada pieza bajo una cámara de vigilancia y el alijo acabó trasladado a una instalación federal segura en Bruselas.
Rastro de la familia Van Assche
La cervecería fue fundada en 1899 por Théophile Van Assche, un empresario cuya gran villa todavía conserva las iniciales «VA» en sus puertas de hierro. Sus tres hijos continuaron con el negocio hasta el cierre definitivo de la fábrica en 1970. Ninguno de ellos se casó ni dejó descendientes directos conocidos.
Al menos uno de los lingotes lleva un sello que permite fecharlo en los años 60. Para Piet Buyse, antiguo alcalde de Dendermonde, no sería extraño que una familia adinerada como los Van Assche hubiera convertido parte de su patrimonio en oro y decidido esconderlo dentro de su propia casa.
De cervecería a proyecto social
En 1982, la propiedad pasó a manos de un monasterio benedictino que la utilizó como alojamiento de transición para personas que habían estado en prisión. Posteriormente, los monjes la entregaron a CAW Oost-Vlaanderen, una organización de servicios sociales que trabaja con personas sin hogar, víctimas de abusos, jóvenes, inmigrantes y antiguos presos.
El edificio estaba siendo prácticamente vaciado por dentro para levantar nuevas oficinas y alojamientos cuando los trabajadores encontraron el oro detrás de una de las paredes que iban a desaparecer.
Batalla legal por la propiedad
La legislación belga exige que quienes encuentren un tesoro esperen al menos cinco años para que los posibles propietarios puedan reclamarlo. La Fiscalía de Flandes Oriental investiga primero si el oro pudo ser robado o proceder de alguna actividad delictiva.
Si supera ese filtro, comienza una cuestión civil compleja. Los descendientes de la familia Van Assche, los trabajadores que realizaron el hallazgo, la empresa constructora y la organización propietaria podrían intentar reclamar derechos sobre la fortuna. Al menos tres personas ya se han presentado ante la policía asegurando tener alguna relación con la antigua fortuna familiar.
Geert Hillaert, director de CAW, asegura que no piensa disputar el oro a quien pueda demostrar legítimamente que le pertenece. Sin embargo, ya sabe qué haría si finalmente acaba en manos de la organización: utilizarlo para construir más viviendas para familias sin hogar.
