La República Islámica de Irán ha respondido con desafío a la amenaza del presidente de Estados Unidos, Donald Trump, de imponer «la operación económica más devastadora jamás emprendida contra cualquier país», en lo que denominó un «Día D económico» destinado a obligar a Teherán a cambiar su postura en la guerra y reabrir el estrecho de Ormuz. Según informa Expansión, las autoridades iraníes aseguran que no cederán ante la presión, pese a que los indicadores económicos internos reflejan un deterioro acelerado.
El ministro iraní de Exteriores, Abás Araqchí, respondió en la red social X: «Ya hemos visto esta película antes. La misma historia. Diferentes matones», en alusión a anteriores campañas de sanciones de Washington que, según Teherán, no lograron sus objetivos. Por su parte, el portavoz del Ministerio de Exteriores, Ismail Bagaei, afirmó que «estas medidas no tendrán efecto en la posición de Irán» en el conflicto bélico.
Inflación al 87,9% y pérdida de 450.000 empleos
A pesar del discurso oficial de firmeza, la situación económica del país persa es crítica. La inflación interanual en julio alcanzó el 87,9%, mientras que en alimentos y bebidas superó el 128%. El desempleo pasó del 7,3% al 9,1% en el último año, con la pérdida oficial de unos 450.000 puestos de trabajo. Estimaciones extraoficiales sugieren que durante la guerra se han perdido cerca de dos millones de empleos.
«Cada día somos más pobres y hasta nos cuesta adquirir los productos básicos. No sé hasta qué punto vamos a poder soportar esta situación desastrosa. Las familias están sufriendo mucho», declaró Nahid, una residente de Teherán de 64 años, a medios locales.
Bloqueo del estrecho de Ormuz y nuevas sanciones
Irán lleva décadas sometido a sanciones estadounidenses que limitan su comercio exterior y dificultan la venta de su principal activo: el petróleo. A ello se suma el bloqueo que EEUU ha impuesto contra buques y puertos iraníes en el estrecho de Ormuz durante la actual guerra, que se desarrolla en un contexto global de tensiones comerciales.
El secretario del Tesoro de Estados Unidos, Scott Bessent, advirtió a los países que proporcionen «cualquier tipo de ayuda vital a Irán» que sufrirán consecuencias económicas. Entre los socios comerciales clave de Teherán se encuentra China, que adquiere en torno al 90% del petróleo iraní a precio reducido. Está por ver si Pekín se pliega a las exigencias de Washington.
Emiratos Árabes suspende todas las relaciones comerciales
Esta semana, Emiratos Árabes Unidos (EAU) anunció la suspensión de todas sus relaciones comerciales, intercambios mercantiles y transacciones financieras con Irán. Antes de la guerra, Abu Dabi era uno de los principales socios económicos de Teherán, con cerca del 30% de las importaciones iraníes procedentes de EAU, valoradas en 21.000 millones de dólares en 2024, según la Organización Mundial del Comercio.
Dudas sobre la efectividad de la presión económica
Analistas coinciden en que es poco probable que Irán ceda ante la presión económica, pese al descontento popular. Danny Citrinowicz, investigador del programa iraní del Instituto de Estudios de Seguridad Nacional de Israel (INSS), escribió en X: «Si el objetivo es provocar el colapso de Irán u obligar a sus dirigentes a rendirse y a hacer concesiones estratégicas, es poco probable que esta campaña logre su objetivo».
La situación financiera de Irán podría empeorar con las nuevas sanciones, cuyo contenido específico Estados Unidos aún no ha anunciado, pero que podrían impactar aún más la economía de un país que ya enfrenta una de las peores crisis inflacionarias de su historia reciente.
