El fundador de Inditex y creador de Zara, Amancio Ortega, ha expuesto al cumplir 90 años una filosofía empresarial en la que la acumulación de patrimonio personal queda relegada a un segundo plano. Según informó El Confidencial, Ortega sostiene que el verdadero éxito de una compañía no reside en perseguir el dinero de forma directa, sino en centrar el esfuerzo en el trabajo cotidiano y el crecimiento constante de la estructura corporativa.
La fortuna del empresario gallego alcanza los 149.000 millones de dólares, situándole como la novena mayor del planeta según la revista Forbes en agosto de 2026. A pesar de esa cifra, Ortega ha declarado en diversas ocasiones que «si he ganado tanto dinero ha sido porque mi objetivo no ha sido nunca ganar dinero», tal y como recogen los autores Luis Lara y Jorge Mas en su libro Por qué unas tiendas venden y otras no: claves del éxito en retail, cita también reflejada por la periodista Covadonga O’Shea en su obra Así es Amancio Ortega, el hombre que creó Zara.
Crecimiento como mecanismo de supervivencia
El fundador de Inditex defiende que el crecimiento empresarial no es una cuestión de números, sino la única forma de mantener con vida un proyecto y proteger a quienes forman parte de él. «Si no hay crecimiento, una compañía se muere. Una empresa tiene que estar viva por la gente que tiene. El crecimiento… es un mecanismo de supervivencia», afirmaba ante O’Shea.
Esta mentalidad operacional se traduce en un desapego casi total hacia las cuentas de resultados. Ortega llegó a declarar: «Los resultados no son tan importantes, nunca los miro. Si acaso, al cabo de tres o cuatro meses Pablo me los enseña. Lo que hacemos es innovar y no mirar los resultados», en referencia a Pablo Isla, presidente de Inditex hasta 2021.
Trayectoria: de dependiente a magnate textil
Nacido el 28 de marzo de 1936 en Busdongo de Arbas (León), Ortega es hijo del trabajador ferroviario Antonio Ortega y del ama de casa Josefa Gaona. La familia se trasladó por Tolosa antes de instalarse en A Coruña, donde Amancio abandonó sus estudios en el colegio del Sagrado Corazón con 12 años para ayudar económicamente en casa. A los 14 años empezó como chico de los recados en la mercería La Maja, inicio de una trayectoria profesional que le llevaría a aprender el oficio de dependiente y a confeccionar batas guateadas junto a sus hermanos, sus cuñados y su primera esposa, Rosalía Mera, antes de fundar Confecciones Goa S.A. en 1963.
Esa experiencia inicial sirvió de base para inaugurar la primera tienda Zara en A Coruña en 1975 y crear la matriz Inditex en 1985. El modelo de negocio inició su internacionalización en Oporto en 1988 antes de desembarcar en mercados como Nueva York o París e integrar enseñas como Pull&Bear, Bershka u Oysho. En la actualidad, el gigante textil suma 5.536 establecimientos en todo el mundo al cierre de su último ejercicio, mientras su brazo inversor Pontegadea gestiona más de 117.000 millones de euros en activos inmobiliarios, consolidando la capitalización bursátil del grupo por encima de los 187.000 millones de euros.
Rechazo a consultoras y prioridad al propósito social
Ortega siempre ha evitado las injerencias de consultoras externas en la sede central de Arteixo. «No necesitamos consultores. ¿O resulta que van a conocer más de nuestro negocio unas personas que no lo viven, día a día, como nosotros?», manifestaba ante los autores citados. Asimismo, resumía el propósito final de su fortuna en una conversación con Tomás Pascual, fundador del grupo Leche Pascual: «No vale la pena ser empresario sólo para ser rico. El dinero, en esas dimensiones a las que hemos llegado nosotros, no nos va a hacer falta. El dinero sólo tiene un sentido, para mí, si se orienta a conseguir objetivos. Y si tienes éxito, que sirva para ayudar a que lleguen a ser algo en la vida tantas personas que dependen de nosotros».
Esta filosofía operativa ha convertido a Inditex en un referente global del sector textil, con una estructura que prioriza la innovación constante, la flexibilidad de la cadena de suministro y el compromiso con el equipo humano por encima de la obsesión por los márgenes trimestrales.
