El estrecho de Ormuz ha pasado a ser, en cuestión de meses, el principal punto de fricción entre Estados Unidos e Irán, desplazando al programa nuclear como eje del conflicto. Según información publicada por Financial Times, el régimen iraní ha ejecutado por primera vez un plan concebido hace más de una década por el ayatolá Alí Jamenei para cerrar esta vía marítima estratégica, por la que antes del conflicto transitaba el 20% del petróleo y el gas natural licuado del mundo.
El general de división Rahim Safavi, asesor militar del fallecido líder supremo, reveló a la televisión estatal iraní que Jamenei le encargó hace 15 años preparar un plan para cerrar el estrecho. «Le pedí tres meses, pero él redujo el plazo a uno… Pronosticó que un día tendríamos que utilizar esto», declaró Safavi, quien añadió que los planificadores militares desarrollaron después estrategias para bloquear no solo el Golfo, sino también el mar de Omán, el mar Rojo e incluso el Mediterráneo oriental.
Del programa nuclear al control del estrecho
Durante años, las amenazas iraníes de cerrar el estrecho se consideraron mera retórica. Sin embargo, los bombardeos estadounidenses e israelíes contra centros de enriquecimiento de uranio en febrero de 2026, que acabaron con la vida de Jamenei y varios altos dirigentes, alteraron por completo la ecuación. En respuesta, Irán atacó no solo bases regionales de EEUU e Israel, sino también buques comerciales en el estrecho, desencadenando la peor crisis energética en años.
«La cuestión nuclear se puede negociar. Ormuz no», afirmó un miembro del régimen citado por Financial Times. Esta postura representa un cambio estratégico fundamental: mientras el programa nuclear era objeto de sanciones y diplomacia, el estrecho se ha convertido en un instrumento económico directo contra Washington. «Es la primera vez que Irán ha sido capaz de responder de la misma manera presionando a la economía estadounidense», explicó Ali Vaez, del Crisis Group.
El fracaso del acuerdo de junio
El control del estrecho también fue clave en el fracaso de un memorándum de entendimiento alcanzado en junio, que buscaba sentar las bases para una resolución definitiva del conflicto. Según el acuerdo, EEUU levantaría el bloqueo sobre puertos iraníes e Irán permitiría la reanudación gradual del tráfico comercial. Sin embargo, cuando Washington alentó a buques a transitar por la costa de Omán, el ejército iraní comenzó a atacar barcos que utilizaban una ruta «no autorizada».
Teherán insiste en que solo él y Omán deben decidir cómo se gestiona la vía marítima, argumentando que los intentos estadounidenses de establecer una ruta independiente podrían utilizarse con fines militares. El régimen también ha manifestado que en el futuro cobrará a los buques «tarifas de servicio» para cubrir costes medioambientales y de seguridad. «Nuestra verdadera guerra se libra en el estrecho de Ormuz, que es más importante que la cuestión nuclear», declaró esta semana Hamid-Reza Hajibabaei, miembro destacado del parlamento iraní.
Asimetría en las posiciones negociadoras
El fracaso del acuerdo ha puesto de manifiesto una creciente asimetría: mientras Washington presiona por un acuerdo rápido para restablecer el transporte marítimo antes de las elecciones de mitad de mandato en noviembre, Teherán puede permitirse negociar con lentitud y tiene mayor tolerancia al dolor económico. El precio del petróleo y su impacto en la inflación se ha convertido en un factor crítico para la administración Trump.
Un diplomático occidental de alto rango en Teherán señaló que los ataques contra instalaciones nucleares habían reducido paradójicamente la sensación de urgencia en torno al programa nuclear iraní, aunque el país mantiene la experiencia técnica y la capacidad de reconstrucción. Trump amenazó esta semana con atacar una instalación nuclear enterrada bajo la Montaña del Pico en el centro de Irán.
En virtud del memorando de junio, Irán acordó dialogar sobre su programa y reducir su reserva de más de 9.000 kg de uranio enriquecido, incluidos 440 kg con niveles cercanos al grado armamentístico. Sin embargo, fuentes internas del régimen afirman que la república islámica sigue reacia a exportar este uranio, como exige Trump. «El beneficio que les proporciona el estrecho es algo que nadie puede arrebatarles», declaró Vali Nasr, exfuncionario estadounidense de la Escuela de Estudios Internacionales Avanzados de Johns Hopkins.
«Irán está dispuesto a llegar a un acuerdo sobre el programa nuclear. Pero es poco probable que lleguemos tan lejos porque Irán no cederá en su control del estrecho. Un acuerdo ahora parece casi imposible», concluyó una fuente interna del régimen.
La Guardia Revolucionaria Islámica amenazó esta semana con extender su campaña más allá del estrecho, advirtiendo que EEUU y sus aliados «deberían prepararse para el cierre de otras rutas de exportación de petróleo y gas». Mientras tanto, los legisladores iraníes estudian una nueva legislación para formalizar la gobernanza de la vía marítima, consolidando el estrecho de Ormuz como el principal punto de fricción geopolítica en Oriente Medio.
