La decisión entre una hipoteca a tipo fijo o variable es una de las más importantes que tomará cualquier comprador de vivienda en España. En 2026, con el Euríbor bajando desde los máximos de 2023-2024 y el BCE ejecutando recortes de tipos, el panorama ha cambiado respecto a los últimos años y hay argumentos renovados para ambas opciones.
Cómo funciona cada modalidad
La hipoteca fija mantiene el mismo tipo de interés durante toda la vida del préstamo, lo que garantiza una cuota mensual estable independientemente de cómo evolucione el Euríbor. La hipoteca variable, en cambio, revisa el tipo periódicamente —habitualmente cada seis o doce meses— en función del Euríbor más un diferencial fijo pactado con el banco.
El momento del Euríbor
Tras superar el 4% en 2023, el Euríbor a 12 meses ha descendido considerablemente, lo que ha abaratado las hipotecas variables existentes y ha hecho que las variables vuelvan a ser competitivas frente a las fijas. Sin embargo, la incertidumbre sobre el ritmo futuro de los recortes del BCE hace que muchos compradores prefieran la certeza de un tipo fijo, aunque pague una prima por esa seguridad.
Qué perfil encaja con cada opción
La hipoteca fija es más adecuada para perfiles que priorizan la estabilidad presupuestaria, con horizonte de permanencia largo en la vivienda y aversión al riesgo. La variable conviene a quienes tienen margen financiero para absorber subidas de cuota, esperan que los tipos sigan bajando o planean amortizar anticipadamente en los próximos años. La hipoteca mixta —fija los primeros años, variable después— puede ser una solución intermedia para perfiles intermedios.
