BAE Systems ha presentado Brontanax, un avión de combate sin tripulación concebido para operar junto al caza Typhoon de la Royal Air Force. El prototipo destinado a las pruebas ya está ensamblado en las instalaciones de Warton (Reino Unido) y se prepara para los ensayos en tierra, según confirma la compañía británica en el Salón Aeronáutico de Farnborough. Londres aspira a que el demostrador vuele en 2027 y que el programa Storm Fighter alcance capacidad operativa antes de que termine la década.
El aparato pertenece a la categoría de Collaborative Combat Aircraft, aeronaves autónomas diseñadas para volar y combatir como parte de una formación más amplia. A diferencia de los drones pequeños, Brontanax tiene un tamaño similar al del Hawk, el entrenador avanzado británico, y está llamado a sumar otra plataforma al equipo sin sustituir a los cazas tripulados existentes ni al futuro Tempest.
Funciones de guerra electrónica y ataque de precisión
BAE Systems atribuye al Brontanax dos grandes funciones: guerra electrónica y ataques de precisión contra objetivos terrestres y aéreos. Podrá ser operado a distancia por un piloto de Typhoon o por un comandante de misión, aunque el fabricante todavía no ha detallado hasta dónde llegará su autonomía durante una operación real. Lo importante, según la compañía, es lo que permitirá sumar al conjunto de una misión: en lugar de concentrar todas las tareas en unos pocos cazas tripulados, la Royal Air Force podría repartir funciones entre un mayor número de aeronaves.
Es lo que el sector denomina combat mass: ampliar la cantidad de plataformas disponibles y enviar algunas de ellas a las zonas de mayor riesgo sin exponer necesariamente a otro piloto. El concepto cobra relevancia en un contexto en el que otros países ya han avanzado en desarrollos similares. Australia acumula más de un centenar de vuelos con el MQ-28 Ghost Bat de Boeing, mientras Estados Unidos ha adjudicado contratos de desarrollo industrial y producción para el FQ-42 de General Atomics y el FQ-44 de Anduril.
300 millones de libras para Storm Fighter
El proyecto llega en un momento clave. El Gobierno británico acaba de comprometer 300 millones de libras (unos 351 millones de euros al cambio del 24 de julio de 2026) al programa Storm Fighter, la iniciativa con la que quiere desarrollar una capacidad autónoma propia e integrarla en el resto de su aviación de combate. El calendario es ambicioso: Londres quiere que el demostrador vuele en 2027 y que Storm Fighter alcance una capacidad operativa antes de que termine la década. Por ahora, sin embargo, se trata de objetivos oficiales de desarrollo, no de una entrada en servicio garantizada.
No es la primera vez que la Royal Air Force intenta incorporar un compañero no tripulado a sus formaciones. El Project Mosquito perseguía una idea similar, pero el Ministerio de Defensa británico lo canceló en 2022 antes de que el demostrador pudiera volar. El nuevo intento llega con una diferencia importante: BAE Systems afirma haber financiado el desarrollo realizado hasta ahora mediante su propia inversión en investigación y desarrollo.
La incógnita ya no es si la compañía puede llevar el diseño hasta un prototipo ensamblado, sino si ese aparato logrará demostrar en vuelo todo lo prometido. La apuesta británica todavía no tiene una flota contratada ni capacidades demostradas en el aire, pero sí un prototipo con el que intentar reducir la distancia respecto a competidores internacionales. El verdadero salto no llegará con el modelo de Farnborough, sino cuando la unidad de pruebas abandone Warton y consiga volar.
